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“Safo es una insistencia, una inclinación, un modo muy particular de decir y escuchar”

2 de septiembre de 2026 · Club Femme

“Safo es una insistencia, una inclinación, un modo muy particular de decir y escuchar”

Antes de Jesús o Cleopatra y antes de la lengua castellana, una poeta lírica griega le dio nación a las existencias lésbicas de hoy. No solo inauguró, con su nombre y desde su tierra, una manera de nombrar, sino que le puso nombre al deseo mismo y lo maceró entre sus labios: Safo de Lesbos . De su obra sobrevivió apenas un ápice (algo más de 200 fragmentos reunidos hasta el momento). Ese ápice ha sido obsesión de tantas y tantos que pretendieron explicarla e incluso “completarla”, la mayoría sin éxito ni vuelo.

Si bien Anne Carson ya en 1986 hizo lo suyo en Eros, el dulceamargo , la sensibilidad rioplatense, el filo de una identidad politizada y esa forma delicada e íntima de conmover de Mariana Gardella hacen de Ni bosque, ni sonido quizás uno de los libros más hermosos escritos sobre Safo alguna vez.

En un mano a mano con la autora de este prodigio publicado por Rara Avis , seguimos la genealogía de una poeta que le canta a un pueblo de amantes y rastreamos sus ecos hasta Buenos Aires-Lesbos para preguntarnos qué forma puede tomar, 2500 años después, nuestro propio pueblo de amantes .

Pareciera que se disparó un escándalo lésbico detrás de Ni bosque ni sonido . De pronto, Safo volvió a la boca de todxs. ¿Sos consciente del revuelo?

-No, quizás no fui muy consciente de eso, pero lo que sí me pareció increíble fue lo que pasó con la Fundación de Buenos Aires-Lesbos durante la presentación del libro. Hubo dos presentadoras, Florencia Abad y Gabriela Borrelli. Y Gabriela, de pronto, refundó la Ciudad de Buenos Aires como parte de una genealogía de algo muy curioso que pasa con Safo en París, a principios del siglo XX. París se empieza a llenar de lesbianas que se reúnen y se autodenominan la Comunidad de París-Lesbos. El gesto de Gabriela fue reapropiarse de eso y radicalizarlo, para refundar Buenos Aires, una Buenos Aires donde exista y tenga lugar todo lo nuestro.

La deriva en Lesbos es fundamental. ¿Cómo sobrevive el significante a tantos siglos?

-Es cierto que hay muchos escritores y escritoras cuya obra forja adjetivos: hablamos de literatura orwelliana, de la imaginería borgeana o de los poemas homéricos para hablar de La Ilíada y La Odisea . En el caso de Safo, su obra poética forja el adjetivo sáfico, la poética sáfica. Pero también es el nombre de un tipo de orientación y de expresión del erotismo y del deseo. Y eso sí la hace única.

A mí me resulta muy curioso que las lesbianas o les lesbianes, esta amplia comunidad que somos, sigamos llamándonos así por referencia a ella. Y para mí lo que lo explica es el vínculo que existe entre el lesbianismo y la poesía, que tiene que ver absolutamente con esa marca sáfica. ¿Qué es lo que más nos gusta a las lesbianas? La poesía, que está siempre. Y eso para mí tiene que ver con que nos llamamos con el nombre de una poeta. Y de una tierra.

Hablando un poco de esa perdurabilidad, ¿qué la hace tan especial?

-Safo parece haber sido la primera en expresarse de una manera en la que no se había expresado nadie. Fundamentalmente, el fenómeno del deseo, de Eros. Es una de las primeras en intentar caracterizar cómo es este movimiento que básicamente embiste contra los límites de todo lo que somos y de todo lo que es. Porque esa es la fuerza que tiene Eros para Safo.

Y en el caso de su poesía, aparece el deseo muchas veces vinculado con la pérdida. Ella desea y pierde. Desea, alcanza y pierde. Y es la temática del deseo siempre pensada en relación con las mujeres que ella desea. Ahí también toda su poesía es un archivo de nombres, de mujeres de las que no sabemos nada más que el nombre. Y lo sabemos porque Safo lo escribe. Entonces, ella ahí hace un muy buen trabajo de archivo, de archivo de sus propias emociones, de sus propias compañeras.

¿Se hizo famosa por hablar de las chicas que le gustan?

-De seguro fue la primera en hablar de eso, en llevar esos temas a la poesía. Veníamos de una tradición poética que era Homero, los grandes héroes clavándose lanzas, buscando invadir ciudades. Y, de pronto, aparece esta mujer que habla de las cosas que siente en el cuerpo porque ve a una chica que le gusta. Y eso, que por ahí suena tan familiar hoy, en ese momento era muy poco común.

¿Qué es Safo para vos?

-Para mí, Safo es una insistencia, una inclinación, un modo muy particular de decir y escuchar. Safo es el nombre mismo de la pérdida y una figura que permite reivindicar lo que se quiebra y se rompe, lo que se fragmenta . También es una torcida, la primera torcida de todas, y lo que quedó de su obra es una invitación a torcerlo todo.

Tu libro hace una operación de relectura situada, rioplatense, anclada en el lesbianismo. ¿Fue una decisión?

-Tiene bastante de decisión política y de un aspecto fundamental de mi vida, el trabajo académico, universitario, que es un espacio muchas veces pasado de asepsia. Siempre aparece este cuidado por “no forzar”, no cometer anacronismos. El anacronismo es el gran fantasma de la historia. El pasado es un teatro de operaciones. El libro es una gran operación sobre los fragmentos sáficos. Para mí era importante relocalizar a Safo en nuestro contexto, y hacer una lectura que se asume absolutamente situada .

Gardella se crió frente al horizonte de llanura ondulada de Chivilcoy y recién a los 18 años, entre las calles porteñas y el ingreso a la universidad, se enteró de que existían las lesbianas, que había lesbianas en el mundo , y entre ellas, una lesbiana mayor: Safo.

En esta historia de erotismos, Safo se parece un poco a esa chica popular que gusta tanto, te vuelve torpes las palabras y los gestos y obliga a merodearla antes de animarse a estar cerca. Mariana hizo también sus rodeos: llegó primero a Nosis de Locri y publicó Besada por Cipris también en Rara Avis. Recién después se animó a enfrentar el eólico y a ensayar sus propias traducciones.

-Cuando empecé a hacer algunas pruebas de traducción, supe que había que hacer otro tipo de gesto, porque traducciones de poemas de Safo hay un montón. Una traducción, en realidad, va mucho más allá de la traducción de las palabras. Es traducción de un mundo, de una cosmovisión, de una atmósfera, de una constelación de preocupaciones, de un carácter también, y quizás el libro haga un poco eso: presentificarla, corporizarla, dibujarle unos contornos un poquito más nítidos.

Por ejemplo, decir que son “poemas” está mal, porque en realidad son canciones, son letras que ella compuso para cantar. De hecho, es Safo quien inventa la púa , que se llama plectro en griego, el elemento con el que se rasgaba la cuerda. Yo de música no sé nada, pero me han explicado que la púa es señal de que quería que la escucharan más lejos, porque cantaba para mucha gente.

Hoy tenemos la letra, perdimos la música y, a su vez, esa letra se fragmentó. Entonces, lo que hace el libro es presentar los fragmentos de Safo tal como se encuentran en las obras que los han transmitido, mezclados con otros textos. Así sobrevivió Safo.

¿Qué fue lo que la salvó?

-Hay un tema fundamental que atraviesa a Safo y es la cuestión de la pérdida, vinculada no a lo más evidente, que quizás es la pérdida de ciertos vínculos, tema que aparece en su poesía, sino la pérdida de sus textos . Me interesa pensar la pérdida en esas coordenadas, que también es la pérdida del sentido .

Hay muchas traducciones de Safo que completan lo que falta o lo editan; hay otros traductores que directamente inventan palabras. En los fragmentos, a veces las frases no terminan y, bueno, hay que lidiar con eso. Y para mí, respetar esa falta, esas faltas que sufren sus poemas, es lo que la vuelve también una voz bastante contemporánea, ¿no? Porque, de golpe, te quedan unos fragmentos que vos decís: esto se escribió en el siglo VII o esto se escribió esta mañana.

¿Cómo lidiaste con las reinterpretaciones heterosexuales de Safo?

-Lo más interesante ahí es la vinculación tan fuerte que se hace entre Safo y el deseo , que es una vinculación que sí aparece en su propia poesía de una manera muy clara y abierta. Ahora, no hay un solo fragmento de Safo en el que ella exprese deseo hacia un varón. Ninguno.

Con la interpretación de Ovidio se inicia una muy larga tradición que hace de ella una mujer dolida que se termina quitando la vida por un joven que no le corresponde en el amor, Faón, y, en adelante, artistas retratan esa escena en la que ella se suicida arrojándose de un peñasco. Para mí hay algo interesante de esas reinterpretaciones que tiene que ver con remarcar el compromiso de Safo con el erotismo, en donde lo que se falsea es hacia quién se dirige ese deseo.

Si la farsa aséptica hubiera triunfado y la heterosexualidad que durante siglos buscaron encajarle a Safo hubiera prevalecido, hoy habría un pueblo más sin tierra. O, al menos, sin un nombre capaz de hermanarlo a la poesía. Pero el deseo de Safo sobrevivió a esas operaciones y siguió abriendo, una y otra vez, lugares desde donde poder ser: Mitilene, París, Buenos Aires.

Safo inventó para el deseo un adjetivo, dulceamargo, capaz de contener su tensión. En su poesía, el deseo no se contempla a prudente distancia: altera la gramática, desordena el cuerpo y vuelve incompleto aquello que toca. Anne Carson hizo de esa intuición una teoría del deseo; Mariana Gardella la devuelve al presente, a la lengua y al cuerpo como una fuerza que todavía puede trastocar lo que creemos ser.

¿Cómo se puede entender hoy lo dulceamargo?

-Lo dulceamargo es una apuesta por la posibilidad de vivir experiencias no lineales, en las que las cosas no son nunca de un modo o de otro, o una cosa después de la otra. Es una cosa y la otra a la vez. Dulceamargo, para mí, es la posibilidad de convertir las experiencias en prismas, con distintas facetas. Una apuesta por la complejidad de la experiencia , en el caso de Safo, muy estrechamente vinculada con la experiencia erótica, pero que se puede trasvasar a otras experiencias sin lugar a duda.

¿Sentís que estamos en tiempos dulceamargos?

-Estamos en un presente cargado de desazón y de problemas que tienen que ver con las incomodidades, inseguridades y atropellos a los que estamos sometides día a día. Me parece que la poesía sáfica es una invitación a vincularnos con cuestiones mucho más primarias, que tienen que ver con el erotismo del uno a uno, el erotismo que se puede tejer en una comunidad , en relación con la fantasía, en relación con lo que no está dado del todo, como vos decís, en relación con lo que falta y que es una oportunidad para construir .

Hoy, las muy penosas faltas que nos atraviesan son faltas que no permiten la imaginación, no permiten la construcción de nada, ¿no? Son faltas que padecemos por completo. En cambio, la falta que aparece delineada en los poemas de Safo, esa falta, esa ausencia, esa sombra, es la excusa para la imaginación y por eso creo que puede ser algo importante para nuestro presente.

Por último: hay un gesto literario de Wittig y Zeig en el Borrador para un diccionario de las amantes , en el que dice “Safo:” y a continuación solo hay una página vacía.

-Safo es una figura muy importante para Wittig, porque Wittig arma una genealogía del pueblo de las amantes que se remonta a Safo y a algunas figuras de la mitología griega como las amazonas. La página en blanco es un gesto genial. Deja en claro que de Safo sabemos poco y nada y que lo que importan son las versiones de Safo, cómo se la leyó, en qué clave se recuperaron sus poemas.

También, para mí, muestra que Safo no es solo el nombre de una poeta, es el nombre de una genealogía , que se remonta a ella, pero que va mucho más allá. Entonces, en esa página no solo se debería escribir la vida de Safo, sino la historia de ese pueblo de las amantes que encuentra en Safo su impronta y faro. Y te regala la palabra.

En tu conexión mística y erótica con Safo, ¿podés canalizar un mensaje de Safo a sus herederas?

-Para mí es un fragmento de Safo: “Para ustedes, hermosas, mi pensamiento no cambia”.

Fuente: Soy (Página/12)

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