Reyes y reinas LGBTQ+: las historias que el sistema educativo suele olvidar

Por Olga C. · 9 de julio de 2026

La historia de las monarquías está llena de figuras que desafiaron las normas de su tiempo, pero sus identidades y relaciones queer rara vez se discuten en las aulas. Un ejemplo fascinante es el de la Reina Ana de Gran Bretaña, que gobernó durante la unión formal de Inglaterra y Escocia. Aunque se casó y tuvo hijos, es muy probable que fuera bisexual. Mantuvo una apasionada relación con Sarah Churchill, la esposa del Duque de Marlborough, una mujer tan hermosa como decidida, en contraste con la personalidad reservada de la reina. Su historia de amor fue tumultuosa, marcada por frecuentes desacuerdos hasta que Ana finalmente terminó la relación debido al carácter combativo de Sarah. Esta dinámica fue brillantemente retratada en la película 'La favorita', donde Olivia Colman y Rachel Weisz dieron vida a estos personajes históricos. Otro caso notable es el del Rey Eduardo II de Inglaterra, cuya sexualidad ha sido objeto de debate y representación en la cultura popular. En la película 'Braveheart', se le muestra como un joven afeminado e incompetente, una interpretación que, aunque no es la más positiva, refleja la percepción de su relación con Piers Gaveston, el Conde de Cornwall. Su vínculo fue tan estrecho que muchos historiadores lo describen como una 'unión fraternal', una especie de matrimonio en todo menos en el nombre. Estos ejemplos son solo la punta del iceberg. A lo largo de los siglos, las cortes europeas y de otras regiones han albergado a numerosos monarcas y nobles que vivieron sus vidas con una fluidez de género y orientación sexual que desafía las convenciones de su época. Desde Guillermo III hasta Isabel I, la historia está llena de figuras que merecen ser reconocidas no solo por su poder, sino también por su valentía para vivir auténticamente en un mundo que a menudo les era hostil.