“Nuestras veladas”, una novela que disecciona los prejuicios raciales, sociales, sexuales de historia británica.
Por Adrián Melo · 28 de agosto de 2026

En 2004, el escritor británico Alan Hollinghurst convirtió un concepto teórico extraído de las formas en pintura en pura literatura. En manos de Hollinghurst, “La línea de la belleza” -que a su vez era el título de la novela- es una idea literaria polisémica: es un canto a las curvas y a la raya de las nalgas masculinas que desembocan en el agujero edénico terrenal de los gays. Es una alusión a los trazos de la cocaína y a ese erotismo exacerbado que une delgadamente a las existencias vitales desmesuradas con la muerte.
Es también la barrera invisible que separa inexorablemente a las clases sociales, aunque, de vez en cuando, puede ser saltada para fusionar -por breve y resplandeciente tiempo- en cópula concupiscente bajo sábanas igualitarias a los sectores populares con la burguesía.
Ambientada en plena era Thatcher y del auge del sida, “La línea de la belleza” fue ganadora del Premio Booker de ese año y se caracterizaba por resumir los temas propios de la narrativa de Hollinghurst: el deseo homerótico, la obsesión por los traseros varoniles, el entrecruzamiento de clases sociales, las fiestas y el deseo interracial, el Eros y el Tánatos y la política.
Los mismos tópicos estaban presentes en sus anteriores novelas. Sin ir más lejos, en su impresionante debut literario, “La biblioteca de la piscina” (1988) (¿puede haber un título más sugestivo?), el veinteañero y atractivo protagonista va en busca de cuanto hombre negro da vuelta y un octogenario recuerda sus tiempos gloriosos cuando bailaba el tango caliente de los mingitorios. Y en “La estrella de la guarda” (1994), un profesor deseaba hasta la extenuación a un hermoso joven de formas tersas y prominentes llamado Luc (cul al revés).
En definitiva, toda novela de Hollinghurst que se precie de tal se vanagloria de portar en sus páginas buenos culos, bastante sexo, muchos blancos gimiendo por negros calientes, prejuicios raciales, sociales, sexuales y étnicos dando vueltas y clases sociales y razas entremezcladas.
En “Nuestras veladas”, Hollinghurst vuelve a lo que más sabe. Sin embargo, dueño de una madurez estilística, apela más a la elipsis que la explicitud para contar la historia de Dave Win, un chico gay de extracción humilde, hijo de un sastre de origen birmano y una sacrificada modista, que encuentra su oportunidad de salto social cuando es becado por un matrimonio de filántropos -Mark y Cara Hadlow- para asistir a una escuela de élite.
A su vez, el encuentro con la familia Hadlow supone también conocer a Giles, el hijo mayor, con quien entablará relaciones tumultuosas, plenas de hostigamiento, celos y probablemente no exentas de deseos reprimidos. A lo largo de los años, las trayectorias vitales de Dave y Giles no podrán ser más distintas. Mientras el primero se inclina por las artes, la interpretación actoral y la literatura (y se convierte en el orgullo de los Hadlow), lejos de los ideales familiares (pero sí de los de su clase social de pertenencia), Giles se convierte en un político ultraconservador que llega a los máximos cargos ministeriales de Gran Bretaña y que promueve discursos de odio, de los cuales Dave será una de las principales víctimas.
Hollinghurst escribió una nueva, emocionante y melancólica obra maestra de la literatura que apela nuevamente a los recursos propios de la pintura. En efecto, con pequeños trazos, pasajes, estampas y colores, compone no solamente la historia de una vida (dando cuenta de los primeros amores, el papel de cada uno de los amantes perdurables y el encuentro con el último y definitivo amor de Dave), sino también una galería de personajes palpables y entrañables y una radiografía de la era presente. A su vez, el autor perdura en su afán por intentar historizar el deseo gay a lo largo de medio siglo de la vida social británica (lapso temporal que ya había abordado en “La biblioteca de la piscina). Y, como broche de oro y novedad, Hollinghurst brinda por primera vez en su literatura, una de las más conmovedoras historias de amor lésbicas jamás escritas (difícilmente podremos olvidar a Avril y Esme) a la vez que da cuenta de un tiempo en donde convive la libertad sexual con la más cruel homofobia.
“Nuestras veladas” de Alan Hollinghurst, Editorial Anagrama, 2026.
Fuente: Soy (Página/12)
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