“Moria”: algunas escenas de la vida casanesca
Por Pablo Mendez Shiff · 19 de agosto de 2026

En el mundo editorial, es un lugar común que los editores arqueen los ojos cuando alguien cae con la propuesta de escribir la biografía de una persona muy famosa . La premisa es: ¿qué podemos contar que la gente no sepa de alguien que están acostumbrados a ver en la tele, en el cine, en el teatro? ¿Qué secretos puede develar alguien que pensamos que ha contado todo? Si la figura en cuestión es nada más y nada menos que Moria Casán , alguien que se ufana de no haber hecho nunca terapia porque sus analistas son los periodistas, la propuesta se vuelve aún más desafiante.
Todos los que tenemos horas y horas de televisión encima sabemos de memoria la historia de cuando cambió las escalinatas de la Facultad de Derecho por las del teatro El Nacional, o recordamos la entrevista a su exmarido y a su entonces pareja en el estudio de su propio programa. En este, como en otros casos, la dificultad radica en el cómo más que en el qué.
A contramano de la industria editorial, la audiovisual viene contando las vidas de algunas personas muy famosas en los últimos años ( Sandro, Rodrigo, Gilda, Maradona y siguen las firmas). En el caso de Moria, el abordaje es distinto porque se centra en los ochenta años de vida de una persona que no solo está viva sino vigente, y que además funge de productora ejecutiva del proyecto . Javier Van de Couter , como showrunner, director y coautor, Martín Vatenberg como coautor y Donna Teffa como parte del equipo autoral, se propusieron hacer una biopic no convencional sobre alguien que tampoco es convencional : una mujer que dio sus primeros pasos en un ambiente machista sin dejarse cosificar; una niña que procesó sus traumas infantiles sola y sin la guía de sus padres; una madre que crió a su hija sola y sin escuchar lo que los manuales de maternidad señalaban que debía hacer, con lo bueno y lo malo que puede tener tanto caudal de libertad .
Por eso, además de dividir a las distintas Mo en tres actrices como Sofía Gala, Griselda Siciliani, Cecilia Roth más la propia Moria, la serie introduce elementos de fantasía que nos presenta al personaje como una mostra , una marciana que viene de otra galaxia en la que el tiempo transcurre de otra manera.
Pasado, presente y futuro se cruzan de una manera no lineal , con la voz de Moria como narradora intermitente que va comentando las escenas que vemos (de una manera parecida a la que en su autobiografía, Me Moria , subraya algunas cosas en itálicas que se leen como si fueran audios con su propia voz) y con su cuerpo despampanante y su lengua karateca manejando los hilos cual titiritera sobre una ciudad que va cambiando sin que ella pierda centralidad.
La serie ofrece tantas capas de sentido como el personaje que retrata. Podemos posar nuestros ojos, por ejemplo, en la historia de los medios , y pensar en el mundo de los 60 y 70 cuando Moria debutó en el teatro de revistas ; en el de los 80 cuando debutó con programa propio con su nombre en el título; en los 90, cuando pasó de la revista a la comedia en el teatro y del rol de showwoman al de conductora de talk show en la tele ; en los 2000, cuando protagonizó una comedia costumbrista con Hugo Arana y en la mitad de esa década, cuando pasó de participante del Bailando al jurado más emblemático del certamen. Los más jóvenes, los que hicieron de MamiMo una MemeMo y se empezaron a reír con su pelea con Silvina Escupidero, pueden tomar a la serie como una clase de historia. Si Roma no se hizo en un día, Mami Mo tampoco.
La propuesta argumental elegida por Van de Couter y Vatenberg se centra en dos ejes, Moria como Mami Mo de Sofía Gala Castiglione y Mami Mo como “el gran puto argentino”, la madrina de la comunidad LGBT, y más precisamente de la comunidad gay y la comunidad drag. Son varias las escenas que subrayan esta relación de amor correspondido que se fue cimentando a lo largo de los años, y que, de hecho, fue el motor que cimentó el proceso de creación y escritura de la misma serie. Para decirlo con claridad: la serie es una carta de amor de la comunidad queer a su hada madrina de tetas gigantes y es con ese prisma que mejor se la puede leer.
La propuesta deja afuera otras aristas, como las ideas políticas (es imposible ser una figura pública argentina y no haber expuesto sus posicionamientos ideológicos, que en el caso de Moria han cambiado a lo largo de los años) y la relación directa con personas política s (quedan afuera las cenas con famosas que ella hacía en Olivos con Menem y el baile en Plaza de Mayo junto a su hija Sofia y Cristina, por mencionar dos casos resonantes). Hay figuras clave de su carrera que aparecen ( Porcel, Olmedo, Susana) y otras que no ( Tinelli, Carmencita Barbieri; de Rial escuchamos el nombre Jorge y escuchamos su voz en uno de los tantos móviles de Intrusos ).
Es inevitable que en una biopic haya recortes y omisiones, y en esta oportunidad el foco estuvo en resaltar los vínculos comunitarios y familiares de la biografiada . Por eso, a juicio de este cronista la mejor Moria es la que interpreta Cecilia Roth.
Es la Moria de la madurez, la que castiga y ayuda a su hija al mismo tiempo, la que disfruta del vínculo que construyó con los putos y los trabas (Moria dixit), la que se pone el mameluco en Asunción y se ríe de los memes que hacen con sus intervenciones en los móviles y las devoluciones del Bailando. Cecilia no la imita, la interpreta (un solo detalle que podría haber mejorado un trabajo que de por sí es muy bueno: Moria no pronuncia la Y como la LL como lo hace Cecilia; Moria dice SHO).
Moria, más que un personaje, es un universo . ¿Cuántas personas son capaces de intercalar referencias a Winston Churchill y Marcelo Polino en el mismo discurso? ¿Cuántas personas caen presas en Paraguay y se ponen a leer sobre la Guerra de la Triple Alianza y la kabbalah , la fuente medieval del misticismo judío? Y, sobre todo, ¿cuántas personas son capaces de influir tanto en el habla de un pueblo? Maradona y Moria, no muchos más, han moldeado la forma en que elogiamos, despreciamos o nos reímos de alguien. Hagan la prueba en sus casas, en el subte o donde estén leyendo esta reseña: van a ver que son capaces de recitar al menos diez dixit casanescos . Porque, así como hay muchas Morias, muchas de esas Morias están presentes dentro de nosotros.
Moria , creada y dirigida por Javier van de Couter y coescrita por Van de Couter y Martín Vatenberg con colaboración de Donnah Teffa, está disponible en Netflix.
Fuente: Soy (Página/12)
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