“Eterna y sentimental”
21 de octubre de 2026 · Club Femme

—Vení, Emma, mirá, probemos así. ¿Está bien?
—Perdón, ahí vuelvo. Ya voy, Tomás. Sí, sí. Perfecto. Sí, es eso.
Emma es Emmanuel Franco , curador, crítico de arte, dibujante y periodista, colaborador de este suplemento. También, responsable de programación y curaduría en El Paraíso: un conventillo , un espacio dedicado al arte contemporáneo en Palermo, dirigido por la artista y gestora cultural Susan Laguna. Emma me recibe en las últimas horas del montaje de la exposición que inaugura una nueva etapa de este paraíso, Eterna y Sentimental. Una muestra que, dice la gacetilla de prensa, “propone relaciones caprichosas entre aquellos sentimientos que transcurren en el corazón de la intimidad , en el ritmo intenso de la ciudad y en los objetos de deseo que nos seducen y nos atormentan”.
Ocho artistas, entre ellos la psicóloga social y activista travesti por los Derechos Humanos y las infancias libres Marlene Wayar —en su debut como artista visual —, se encuentran en esta exposición que propone una experiencia afectiva: más sentir que entender, menos seguir un recorrido que dejarse afectar. “Pensé la muestra más como un poema que como un relato lineal”, dice su curador.
El espacio donde se peude visitar Eterna y Sentimental fue el living de una casa. Una habitación pequeña que ahora aloja vasijas de cerámica, máscaras esmaltadas, pinturas al óleo, dibujos con lápices Polychromos y digitales. Unos pocos metros cuadrados donde se ensaya una respuesta sobre qué puede ser una exposición cuando no quiere parecerse demasiado a una exposición.
Para Emmanuel, la escala reducida del espacio, donde ya en 2025 se realizaron dos exposiciones a modo de experimento, es una condición curatorial. La sala, casi diminuta, permite imaginar otras formas de seleccionar y disponer obras, otras relaciones entre ellas y, sobre todo, otra cercanía entre quienes miramos y aquello que está siendo mirado . Esa búsqueda también aparece en el modo en que se construyó la muestra. “No nació de una hipótesis curatorial previa a la selección de obras, sino que, al revés, primero vinieron las obras y después las ideas; desde allí fue apareciendo esa geografía de lo íntimo que termina articulando la exposición”, dice.
En las obras de Marlene, Federico Fernández, Jeremías Asensio Marconi, Vico Bueno, Ezequiel Chiodi, Daniel Juárez, Bernardo Lizarralde y Eliana Quilla, Emmanuel encontró una cierta vida íntima: s entimientos, gustos, placeres e imágenes que sobreviven a las situaciones que los produjeron, lo que permanece como deseo , como placer , incluso como una maldición . Algo deliberadamente sentimental , que discute tanto la solemnidad tradicionalmente atribuida a la obra de arte como la idea de eternidad en tanto atributo majestuoso, separado de la experiencia cotidiana. Al curador le interesa, en cambio, la obra capaz de reunir temporalidades, afectos y zonas de la vida que no necesariamente parecen dignas de entrar en el territorio legitimado del arte: la ropa que se desea y no se puede comprar, la imagen de un chico atractivo, una máscara monstruosa, el cuerpo atravesado por un mástil de pole dance : todo puede ser una vía para hablar de algo más.
Emmanuel habla de un “carrusel de emociones”. Así, Eterna y Sentimental habla de sentimientos donde también tienen lugar el rechazo, el cuestionamiento, la incomodidad.
En este sentido, la obra de Eliana Quilla —artista y trabajadora sexual— ocupa una zona particularmente intensa. En su pintura, un cuerpo atravesado por un mástil de pole dance, Emmanuel encuentra una imagen de la pulsión de muerte, pero también una relación compleja entre deseo, placer y violencia . Sobre estas dimensiones habla en el ingenioso texto que acompaña la muestra: una conversación con su amigo psiquiatra Maxi Piccoli, que, en lugar de ofrecer una interpretación cerrada sobre la muestra, la abre; no indica qué mirar ni qué sentir, plantea preguntas, nos interpela.
“No se trata de negar el conocimiento ni la historia del arte, sino de discutir la idea de que una obra se completa cuando alguien descubre qué quiso decir el artista ”, dice el curador. Lo que interesa aquí es lo que sucede en el encuentro. Aparece entonces una dimensión política de la propuesta. No porque la exposición quiera ilustrar una consigna política, sino porque hablar de sentimientos hoy implica preguntarse por las condiciones en las que sentimos.
“Yo estoy hablando con vos y estoy como alegre de que te intereses por mi trabajo. Estoy alegre de que Tomás haya montado la muestra. Y estoy alegre por la inauguración del sábado. Y a la vez mi mente está con las cosas que pasan en el trabajo, con las deudas, con lo que tengo que resolver para noviembre, con que llega fin de año y un montón de cuestiones que parecen poco importantes pero que pican en el espíritu”, explica.
El diseño del montaje de la exposición acompaña esa intención. Eterna y Sentimental no propone una lectura única: las obras producen metáforas, comparaciones, asociaciones inesperadas. La sala se vuelve menos una secuencia que una constelación. Una ruptura con la linealidad que aparece como un gesto de resistencia frente a la experiencia cultural entendida como consumo : ir a un museo porque hay que ir a un museo, mirar una muestra porque eso nos vuelve más cultos, salir y continuar con el mismo ritmo de siempre. Emma desconfía de esa cadena. Aspira a que, aunque sea por un rato, quienes observamos entremos en otro territorio. “Que una obra pueda producir algo parecido a esa experiencia mínima y extraordinaria de caminar por la mañana, mirar el rocío o el sol y sentir, sin demasiadas explicaciones, ganas de existir ”, dice.
En el texto de Emmanuel y Piccoli, colgado en la pared justo antes de ingresar a la sala, se lee: “Me gustaría pensar en la dimensión visual de las cosas , en todo lo que vemos y percibimos. Imagino que con los ojos y con mucho más que opera sobre ellos. También pienso si la dimensión afectiva estará atravesada por una dimensión política, pensando en términos de creencias e ideales. Qué intensos estamos, ¿no?”.
El Paraíso: un conventillo empieza así una nueva etapa: con un living convertido en sala, una exposición que se resiste a ser explicada del todo y un grupo de artistas reunidos alrededor de una conversación que no pretende termina r.
Eterna, sentimental, doméstica, política. Una exposición para entrar con los ojos y, si todo sale como espera su curador, salir un poco con las vísceras en las manos.
Eterna y Sentimental
Exposición colectiva con curaduría de Emmanuel Franco. Participan: Marlene Wayar, Federico Fernández, Jeremías Asensio Marconi, Vico Bueno, Ezequiel Chiodi, Daniel Juárez, Bernardo Lizarralde y Eliana Quilla. Texto de Franco y Maximiliano N. Piccoli. En El Paraíso: un conventillo , Darregueyra 2345, Palermo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Desde el 17 de octubre, de lunes a sábados después del mediodía, o con reserva previa a @paraiso_conventillo. Entrada gratuita.
Fuente: Soy (Página/12)
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