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El deseo en tiempos de Grindr

Por Adrian Melo · 20 de agosto de 2026

El deseo en tiempos de Grindr

Como buen producto del mundo neocapitalista, la aplicación de citas Grindr promete placer y bienestar garantizados al alcance de la mano, con un simple clic y a pocos pasos, o, como reza el título de la ópera prima cinematográfica de Tadeo Pestaña Carlo, “A metros de distancia” (2025). Es sabido que en el caso de Grindr, lo que se exhibe como mercancías y fetiches son cuerpos o partes de cuerpos humanos -puede ser tan solo un torso desnudo, un culo, un pene, una axila iluminados por la pantalla del celular- que promocionan sexo ardiente y casual, morbos, orgías voluptuosas, fiestas grupales, la promisión del amor perdurable o tan solo la posibilidad de pasar una noche acompañado.

Lo paradojal de la propuesta ficcional de Pestaña Caro es que su protagonista, Santiago (Max Suen), pasa la mayor parte del tiempo conectado a Grindr y no se sabe exactamente qué busca (quizás ni él mismo lo sabe). Y, de una forma inédita y originalísima, el otro protagonista de la historia es la propia y más popular aplicación de citas de la comunidad LGTBIQ+. Como en “Después de hora” (Scorsese, 1985) o en las locales “Vagón fumador” (Chen, 2001) y “Ronda nocturna” (Cozarinsky, 2005), la mayor parte de la acción transcurre en una noche, pero, al contrario de las películas citadas no hay marginalidades ni muertos amados a los que aferrarse.

En “A metros de distancia”, Grindr conduce el relato y lleva a Santiago de un cuerpo a otro, de un encuentro frustrado a alguno más o menos rescatable, o lo transporta a fiestas bizarras y clubes privados eróticos donde impera el desencuentro de la noche porteña. Bajo la cámara del director, la ciudad de Buenos Aires aparece desdibujada como un No-lugar neoliberal y las escenas sexuales parecen filmadas con una estética heredada de la propia App, es decir, focalizada en fragmentos o meros pedazos de carne, que es aquello en lo que devinieron las personas.

Quizás por ello, la película no indaga demasiado en la personalidad de Santiago que, por momentos parece vulnerable, por momentos desprende una profunda soledad, por momentos se vanagloria de su belleza y su juventud, y lo único que presenta como constante es el estar permanentemente insatisfecho cual un Lord Byron contemporáneo , (aunque infinitamente más mojigato y menos romántico que el poeta inglés). Porque una de las cuestiones que parece desprenderse del filme es que la comunidad gay explora y vive un mundo donde el sexo se ha desencantado, ha perdido su encanto, su magia, su misterio y su capacidad de plenitud.

En este último sentido, ya no existe el peligro, la lentitud y la sensualidad que implicaban los levantes callejeros y el encuentro cara a cara de otras épocas. Sin embargo, no hay melancolía ni nostalgia de un tiempo lindo que no existió para las nuevas generaciones . Más bien, el auge del hookup parece hablar del sistema en el que impera el modo de producción capitalista: una sensación de que el goce está próximo, pero nunca llega, ni mucho menos colma. De que, el deseo circula, pero parafraseando a Luigi Zoja tiende a desaparecer porque, la aparente libertad sexual de las personas va de la mano de una renuncia al erotismo.

Sin pretensiones ni subrayados -mucho menos con discursos altisonantes-, con la sutileza y las elipsis de las verdaderas obras de arte, Pestaña Caro construyó un relato que supone una pintura, una fotografía y una reflexión más amplia y profunda sobre la comunidad gay. En definitiva, la sensación de vacío existencial de Santiago es extrapolable a los dilemas a los que se enfrentan actualmente las diversidades sexuales en plena hegemonía neoliberal y neoconservadora.

Es decir, ¿qué queda para las existencias gays cuando el sexo, lejos de prohibido y subversivo se ha tornado banal (y con él también se han tornado banales y líquidas las relaciones humanas)? ¿Qué ocurre cuando la despolitización torna superfluas las vidas y parece no haber, como tuvieron los antepasados maricas, luchas por librar? ¿Qué resta cuando se ha dejado de pertenecer orgullosamente a una raza maldita, rebelde y marginal -lugar tradicional de la comunidad LBTBIQ+- y, por el contrario, supone un valor el estar integrado al mundo del mercado y del capital?

Hace unos años, el poeta y sociólogo Néstor Perlongher escribía “ El negocio del deseo ” para indagar sobre las vidas de los taxi boy en San Pablo, sin pensar que décadas después, el deseo se negocia -haya o no dinero de por medio- en la vida digital.

En definitiva, a partir de una historia sencilla que nunca pierde la capacidad de verosimilitud, diversión y permanente tensión (el peligro y el terror acechan inminentes en cada cita a ciegas), “A metros de distancia” se erige como un documento que incita a la reflexión, como un debut cinematográfico excepcionalmente inédito y auspicioso para un director novel y con una mirada y una forma de filmar personalísima que analiza críticamente el tiempo presente.

“A metros de distancia”- Guion y dirección: Tadeo Pestaña Caro. Con Max Suen, Jazmín Carballo, Esteban Kukuriczkay Martín Shanly. Todos los jueves de agosto 21 hs en Cine Arte Cacodelphia. Av Pres. Roque Sáenz Peña 1150.

Fuente: Soy (Página/12)

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