Celos: el picante justo o el drama total en tus relaciones lésbicas

Por Gladys G. · 8 de abril de 2025

Si los celos fueran un condimento, tendrían que parecerse al wasabi: un toque sutil que realza el sabor, pero que en exceso te hace llorar y te deja sin aliento. En el amor lésbico, como en cualquier otro, sentir celos puede ser perfectamente normal. Es esa punzada que nos recuerda que valoramos lo que tenemos y que nos hace reflexionar sobre nuestras inseguridades o necesidades emocionales no cubiertas. Pero, cuidado, tía, que hay una línea muy fina entre los celos 'sanos' y los que se convierten en un culebrón de Netflix. Imagina que ves a tu chica riéndose con una nueva colega que, además, es guapísima. O que se va a tomar algo con una ex que siempre le hizo tilín. Sentir un pellizco en el estómago es normal, pero lo crucial es cómo gestionamos esas emociones. ¿Te abres a hablar con ella desde la curiosidad y la vulnerabilidad o directamente la acusas y la sometes a un interrogatorio? Ahí está la clave. El problema viene cuando los celos se convierten en una sombra constante, en una forma de control o en un freno para la libertad de la otra persona. Ahí ya no hablamos de amor, sino de inseguridad tóxica, dependencia emocional o incluso de comportamientos abusivos. Atenta si tú o tu pareja revisáis los móviles 'por si acaso' o si empezáis a evitar planes con otras personas para no 'provocar' una situación incómoda. Eso no es amor, es un drama que solo trae sufrimiento. Así que, la próxima vez que sientas celos, piensa en el wasabi: un poquito puede dar chispa a la relación, pero demasiado la arruina. Y si te ves atrapada en un ciclo de celos tóxicos, quizás sea hora de hablar con alguien que te ayude a entender qué está pasando realmente.
Fuente: MíraLES
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